domingo, 14 de noviembre de 2021

 


41 cosas que me hartaron de vos… post pandemia


1. Tu sutil manera de acercarte a mí, tan sutil que roza lo invisible. 

2. Tu desapego con el dinero, salvo cuando pago yo. 

3. Tu indignación hacia el clasismo, pero tu constante manera de encontrar mersas en todos lados. 

4. Tu odio mal distribuido.

5. Tu manera de decirme que me miento cada vez que me mentís. 

6. Tu manera de mentir.

7. Tus mentiras que termino creyendo cada vez que me miento. 

8. Tus frases hechas que, generalmente, son mías. 

9. Tu insistencia en que sos “un alma libre”. Te la pasás dedicando estados de WhatsApp, tweets, y hasta alguna que otra historia de Instagram. Una libertad abrumadora la tuya. 

10. Tu modo de decir que sos “un alma libre”. Las almas libres no dicen que son almas libres, ¡ni siquiera se dan cuenta de que son almas libres! 

11. Tu manera de no darte cuenta de nada. En especial, de mí, de mi vida, de lo que pueda tener que ver conmigo. Y de lo que es un alma libre, claro. 

12. Tu visión de mi falta de libertad cuando leés esto en mis estados de WhatsApp, mis tweets, y en alguna que otra historia de Instagram, puto. 

13. Tus deseos repentinos. 

14. Tus enamoramientos furtivos. 

15. Tus desencuentros eternos. 

16. Tu manera de decirme que te “idealizo”. No idealizo ni a Jagger, mirá si te voy a idealizar a vos, siome.

17. Tu discurso elevado frente a quienes tienen rollos con su cuerpo. 

18. Tu crítica constante hacia mis rollos. Y no precisamente los de mi cabeza. 

19. Tu posición frente al amor, que creés que es deconstruida pero está bastante destruida. 

20. Tu poca deconstrucción cuando mirás culos por la calle. 

21. Tu creencia de que sos “un distinto”. No, sos igual a todo ser que habita el mundo desde 1492. 

22. Tu modo recurrente de decir “un distinto”.

23. Tu concepto de “un distinto”.

24. Tus lógicas inconexas. 

25. Tus conexiones ilógicas. 

26. Tus juegos de palabras poco jugados.

27. Tu permanente crítica a las apps de citas por considerarlas banales, superficiales y pedorras. Me conociste en un carnaval carioca, mientras llevabas un dildo en la mano, tan mal no te fue. 

28. Tu resistencia a  los lenguajes de moda. 

29. Tu resistencia a la moda. 

30. Tu resistencia a todo lo que se te resiste.

31. Tu convencimiento de que el universo te debe cosas. Nadie te debe nada, de hecho vos debés, y a todo el mundo, incluyendo al Banco central y al Fondo Monetario Internacional. 

32. Tu creencia de que sos elocuente porque repetís algún que otro concepto difícil y que, además, ni siquiera sabés usarlo. 

33. Tu “prefiero no tener sexo en la primera cita”. Te recuerdo que terminamos cojiendo en el baño de un casamiento y con dildo incluido.

34. Tu creencia de que toda la humanidad es estúpida, menos vos.

35. Tu incredulidad de que sos un estúpido, tanto o más que la humanidad.

36. Tu banalización de mis banalidades. 

37. Tus reiteradas veces de llamarme caprichosa. Me conociste así. Por algo te dije que no cuando me pediste compartir el dildo en ese primer garche.

38. Tu “no veo series que vean todos”. No las ves porque no las entendés. Lo cual es súper respetable, ojo. Tanto como querer compartir el dildo. 

39.  Tu crítica a mis fascinaciones astrológicas. Te cuento que meterle ciencia a todo también es realismo mágico. 

40. Tu permanente estado de hipocondría que no encuentra respuesta en ninguna variante de la medicina occidental. Por lo menos yo me curo leyendo el horóscopo. 

41. Tu imposibilidad de irte porque siempre, en el fondo, y aunque no quieras, te voy a hacer reír. Y más de la cuenta.


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