Hilario
Castellano Gallardeu fue un ensayista y un hombre abocado a las letras, la
ciencia y las bellas artes. Si bien no se ha destacado en ninguna de estas áreas
su incursión temprana en cada uno de estos campos ha sido poco notable. Nacido
en 1807 en la ciudad de Córdoba y muerto en 1858 en Buenos Aires, se lo ha
reconocido como miembro de la generación del 37, junto a otros grandes
literatos como Esteban Echeverría, Domingo Faustino Sarmiento y Juan María
Gutiérrez, aunque de modo erróneo. Obras de alto reconocimiento universal tales
como El despertar, La escondida y El indio en llamas nunca han sido escritas por él, si bien se las
han adjudicado como propias. Tampoco escribió El gaucho en la montaña, ni Pierre
Menard, autor del Quijote, ni La
Odisea, ni el Martín Fierro. Nunca
realizó una pintura, escultura o manualidad. No descubrió antídotos
anti-bacterianos, ni vacunas, ni llevó a cabo experimentos novedosos, ni
vetustos. No tuvo ni un hallazgo científico en toda su trayectoria vital. No se
destacó en ningún espacio deportivo, ni en gimnasia. Jamás metió un gol, ni
siquiera de puntín. No fue un aficionado a la música. No tuvo oído musical ni
para escuchar ni para tocar instrumentos. No compuso óperas, ni oberturas, ni
sonetos, ni serenatas. Aún se duda de su natalicio e, incluso, de su
fallecimiento; lo que ya no lo incluiría en la generación del 37 sino en el
grupo de Boedo, pero no puede decirse que ese sea un dato certero. Tampoco
perteneció al boom latinoamericano, ni escribió en la Revista Sur, ni en Punto
de Vista. No dibujó historietas, ni redactó los guiones. Durante un largo
período se pensó que su nombre no era Hilario, ni sus apellidos los consignados
en el título. También se sostuvo que pudo haberse tratado de una mujer. O quizá
de varias. Se llegó a desconfiar de su existencia pero la historia aún no lo ha
corroborado. Por lo menos no del todo. Aún se duda de su biografía, de las
fuentes utilizadas para su escritura y de la posibilidad, incluso, de que sea
otra. Aunque no tan prolífica como esta.
miércoles, 16 de julio de 2014
martes, 15 de julio de 2014
Quiero tu DM.
Un
DM es la abreviatura del término “mensaje directo” – en inglés, Direct Message –
y es una aplicación que permite una comunicación privada, dentro de la red
social Twitter, con alguien que seguís y que te sigue. Me adelanto y hago una
aclaración. No voy a hacer una disquisición sobre los diferentes tipos de DMs;
no porque me parezca impertinente o en vano, sino simplemente porque considero
que esas diferencias no existen. Y eso por una sencilla razón. Todo DM es de
cojer. Sea que hables con un desconocido, con un fake – las llamadas cuentas falsas –, un compañero del laburo, tu
jefe, o una amiga, siempre el DM es de cojer.
Al
igual que cualquier texto, los DMs poseen una estructura, que se divide en introducción,
desarrollo y desenlace. Conocer estas tres partes es lo que permite tener bien
en claro cómo manejarse o cómo moverse dentro de un mensaje directo.
1.
Introducción:
Los
DMs comienzan de modos muy distintos. “Buen
día”, “Buenas”, “Bueeeeeeenas”, “¿Estás?”, “Hola”, “Hello”, “Holou”, “Hellos”,
“¡Hey!”, “Heil Hitler” y “Holis” son las formas más habituales, aunque existen
otros modos más sorpresivos que son aquellos que siguen de una charla en el Timeline
(TL): “awwwww”, “TKM”, “❤❤❤❤❤”, “<3 <3 <3”, “¿sos la del avatar?”, “qué fotito pegamos hoy”,
“mejor sigamos por acá”, “cómo me faveas hoy”, “puta”, “putona”, “putita”,
putitita, “putoncita”, “puto”, “putito”, “putonono”, “putazo”, “che, ¿te
enojaste? Mirá que era un chiste, eh”, “coGer se escribe con G, no con J”. U
otros que continúan de un DM anterior: “¿en qué estábamos?”, “en qué andábamos?”,
“¿en qué quedamos?”, “¿en qué
empezamos?”, “¿en qué acabamos?”.
En
muchas ocasiones, los DMs se introducen con alguna humorada porque, quienes ya
somos habitué de esta red social, sabemos que el chiste efectivo es el camino
al éxito en cualquier tipo de mensaje. Escribir “¿hace cuánto venís a bailar
acá?” es una forma de entrarle al otro de modo hilarante - aquí con una
jocosidad berreta – y que a veces puede dar buenos resultados - no en mi caso,
claro - Subir un link o una foto chistosa - no la que es en chota, porque eso
ya forma parte del desarrollo - son otros
estilos que pueden ser interesantes.
Destacarle
al otro que te da muchísima pero muchísima gracia los tweets que escribe es
también un gran paso para encarar una charla. En general, este estilo suele
vincularse a cualquier tipo de fallecimiento, sea natural: “muero, muero,
muero”, “MUERO”, “morí”, “ay, me muero”, “me mueeeeeeee”.
M
E
M
U
E
R
O
O
al asesinato con dolo eventual: “me
mataste”, “me matás”, “me vas a matar”, “me estarías matando”.
2.
Desarrollo:
Esta
parte del DM es la más importante. Aunque no la decisiva como veremos luego con
el desenlace. Aquí se expone absolutamente todo lo que uno puede escribir con
ingenio, rapidez y soltura. Y nada menos que en 140 caracteres. Las charlas
pueden ser variadas; de hecho hay de todo los tipos aunque cada una con su estilo
bien definido.
Están
las charlas que hacen uso de la risa casi como una muletilla habitual y que trazan
una alta variedad de opciones: “ja”
(risa común), “je” (risa canchera), “jiji” (risa maldita), “jojo” (risa falsa),
“jua” (risa de compromiso), “juaz” (risa
de compromiso pero chistosa), “jaaaa” (risa real), “JAAAAAAA” (risa real con
ruido). También están quienes hacen uso
de la risa, pero de un modo recurrente y abusivo. Son los llamados “jajadores”.
-Al
final salí con los chicos jaajajajajajajajaj
-Aha.
-Fuimos
al cine jajajajajajaj
-Aha.
-Vimos
una re bajón jajajajajaja
-Aha.
-Lloré
toda la película, jajajajajajajjaja, re mal, jajajajajajjajaja, se morían
todos, jajajajajajjajajajajajajajajajj jJjaajsjajsjajsajasjajJAJJAJAJAJJAj.
Una
variante del jajamiento es la práctica de la interrogación serial (?), un
estilo – a mi juicio bastante zonzo – de resaltar la ironía en Twitter . “No me
discrimines (?)”, “Antes me querías más (?)”, “Soy tu mongomencionador oficial
(?)”, “No te quiero enamorar, pero …
(?)”, “Así no me vas a cojer, pelotuda, ajajajajjajajajajajajajjajajajajajajjajaja
(?).
Hay
diálogos que sólo se basan en el uso de interjecciones, onomatopeyas o signos
de puntuación:
-
…
-
mmm.
-
aia.
-
ay.
-
oh.
-
¡OHHHHH!
-
…
Y
hay otras que sólo se comunican mediante emoticones:




(Traducción)
-Hola,
cómo dice que le va a la más linda del Twitter.
-Ay,
me sonrojo.
-Es
que hace mucho que no le hablo y me pongo triste.
-Yo
también, snif.
-Igual,
sepa que cuando la vea la mato.
-Así
no, eh.
-Mentira,
si soy un ángel.
-Qué
va a ser un ángel, usted es un sanatero.
-Je…¡Viva
Perón, Carajo!
También
están las charlas “hot”, “calientes”, “masturbatorias” o, como suele llamarse
en la jerga, “las pajas virtuales”. En general, este tipo de conversación
tienen una organización bastante similar unas con las otras. Suelen contener
siempre los mismos fraseos: “decime todo lo que me harías”, “¿te gusta mi
culo?”, “¿querés una foto en pija?”, “me
mandás un video tuyo tocándote?”, “¿tenés
cámarita asi nos vemos?”; y palabras como:
“dura”, “chupada”, “trío” o “leche”.
3.
Desenlace:
Dentro
de la estructura del DM, el desenlace es, como señalé antes, la marca más decisiva.
Es el toque; lo que determina cómo continuarán otros DMs o futuros encuentros.
Y aquí sí lo importante es la sutileza. Un signo o una letra de más puede
cambiar absolutamente todo el mensaje que se le quiere dar al otro. No es lo
mismo decir “Un beso.”, que: “¡Beso!”, “Besossssssssssssssssss”, “Baccio”, “Besulis”,
“Besis” “Besito”. Como tampoco es lo
mismo utilizar un punto: “beso.”, que tres puntos suspensivos: “beso…”o que una
coma: “un beso,” señal de que hubo una confusión en el uso de la puntuación. Una
estructura similar se replica con los casos de: “Chau”, “Chaucito”, “Chauchis”
o “Abrazo” y “Abracete”.
Existen
formas muy claras de marcar los desenlaces de los DMs para que el otro no
confunda las intenciones. Así pueden verse estilos menos amigables:
-Me
gustó mucho esta charla, espero que podamos reanudarla pronto.
-
-Estaría
bueno que nos viéramos, ¿no?
-
-¿Me
querés pasar tu número de celular?
-
O
estilos más amigables:
-Me
gustó mucho esta charla, espero que podamos reanudarla pronto.
-¡Dale!
-Estaría
bueno que nos viéramos, ¿no?
-¡Dale!
-¿Me
querés pasar tu número de celular?
-¡Dale!
-¿Me
lo das?
-
La
marca que uno quiere darle al desenlace de un DM es bastante subjetiva. En tal
sentido, y como señalé antes, la sutileza es un gran aliado pero no siempre
trae beneficios simplemente porque a veces el otro no la nota. Tampoco
las manifestaciones explícitas son muy recomendables. A un saludo del tipo: “sí,
la verdad que me gustás mucho”, la respuesta: “¡Dale!”, puede llegar a ser un
balde de agua fría. Lo mejor es pensar, reflexionar y calcular bien dónde
colocar el punto o la coma. Ni de más, ni de menos. No sea cosa que te escriba:
“sí, soy la del avatar”. Y que te quedes sin respuesta. Algo que suele suceder
seguido.
sábado, 1 de marzo de 2014
Nuevas 41 cosas que me hartaron de vos
1.
Tu alegría de vivir sobre todo los días que prefiero morirme.
2.
Tu estilo encantador, fascinante, atractivo y maravilloso de enamorarte de mí.
Sólo una vez por semana.
3.
Tu pasión y entrega por el trabajo. Únicamente cuando lo hace otro.
4.
Tu énfasis por decirme “gorila” porque prefiero comer sushi antes que un
choripán.
5.
Tu obstinación por llevarme a los lugares más embolantes del planeta como hacer
el Camino del Inca, instalarnos en Cabo Polonio o ir de camping a El bolsón
lleno de ratas con hantavirus.
6.
Tu modo de creerte innovador porque fuiste de los primeros en hacer un curso de
stand up.
7.
Tu modo de creerte gracioso porque hiciste el curso de stand up.
8.
Tu modo de no entender que me parezca una mierda el stand up.
9.
Tu crítica porque me gusta el chocolate con menta. A vos ni siquiera te gusta
el chocolate.
10.
Tu vínculo adictivo con la tecnología. Creo que te debe excitar más cualquier
artefacto que se enchufa que yo. Lo que incluye al celular, el IPad, el plasma,
la Play, la WI, la notebook, la Commodore 64 y al Kohinoor.
11.
Tus ganas de tener sexo sólo cuando vos querés.
12.
Tus ganas de tener sexo sólo cuando yo no quiero.
13.
Tu manera de relacionar cada cosa que digo con mi signo del zodíaco. Te aviso que
soy de acuario, no de escorpio.
14.
Tu gusto pretencioso por los nombres de niños: Floriana en lugar de Florencia,
Vito en lugar de Víctor. Si querés le podemos poner Verga en lugar de Vera.
15.
Tu forma de burlarte de mí porque la última serie que vi fue Blanco y Negro.
16.
Tu modo sobrador de decirme que no entiendo nada porque considero un bodrio a
Eduardo Galeano, Juan Gelman u Osvaldo Bayer. Yo ni si quiera te digo nada
cuando mentís con que los leíste.
17.
Tu cualidad de recordarme siempre que el culo nunca más se me va a parar. Te
cuento que es muy probable que te pase lo mismo con la chota.
18.
Tu desesperación por adecuarte siempre al lenguaje de moda. La verdad que decir
“selfie” al lado de pendejos de 20 años te hace quedar como un reverendo boludo.
19.
Tu manera de querer hacerme creer que un trío con una mina es mucho más
interesante y erótico que hacerlo con un tipo.
20.
Tu manera de persuadirme siempre de hacer el trío con una mina.
21.
Tu manera de convencerme de que me encanta hacer un trío con una mina.
22.
Tu precioso estilo por hacerme sentir ideal. O sea, nunca.
23.
Tu crítica porque como las empanadas con cuchillo y tenedor. Te llenas la boca
hablando del respeto y la autonomía del cuerpo de la mujer pero con lo que me
gusta ingerir sos peor que el Opus Dei y los Pro Vida juntos.
24.
Tu recurrencia por citar dramaturgos para todo. La verdad que no me importa si
Moliere o Ibsen preferían el mate amargo. Yo lo tomo dulce.
25.
Tu pavoneo cuando tomás vino. Yo no pongo esa cara de boluda cuando tomo Ser
citrus.
26.
Tu recurrente frase que reza: “vos no entendés mi humor”. Que tus chistes sean
malos, presuntuosos y para nada geniales no tiene ninguna vinculación con mis
competencias de entendimiento.
27.
Tu posición fundamentalista contra cualquier tipo de religión. Es muy simple,
vos creés que la historia es lucha de clases. Bueno, otros creen que la
historia es lucha de dioses.
28.
Tu manera de creer que “todo” es producto de la exclusión social. Si querés
podemos invitar a comer al que te choreó el auto la semana pasada. De hecho,
puede hacer la probation en casa.
29.
Tu modo despectivo de llamar ignorantes a los de ciencias exactas porque conjugan
mal algún que otro tiempo verbal. Te cuento que no saber las tablas también es
de bruto.
30.
Tus ganas de embarazarme sobre todo cuando querés tener sexo únicamente por el
culo.
31.
Tu radical enojo cada vez que quiero fotocopiar un libro. Te recuerdo que tenés
cuatro discos rígidos sólo con música que bajaste de internet. Y de la semana
pasada.
32.
Tu “lugar en el mundo”.
33.
Tu “me puse lo primero que encontré en el placard”. Te aviso que pasar todo un
día de tienda en tienda e invertir millonadas comprándote ropa también forma
parte de ese proceso.
34.
Tu desprecio acérrimo por el cine norteamericano. Si querés vos quédate con Enrique
Carreras o Jorge Polaco. A mí dejame con Robert Zemeckis.
35.
Tu “cuaderno de notas”.
36.
Tu obsesión porque no desperdicie agua cuando lavo los platos. Quizá si los
lavaras vos advertirías que es imposible hacerlo en una palangana como me lo
exigís.
37.
Tu recurrencia de decir “neoliberal” en cualquier contexto. Incluso cuando te
referís a algo que sucedió antes de Cristo.
38.
Tu uso y abuso de términos rebuscados para seducirme. Mis caderas no tienen
nada que ver con el rizoma. De hecho, tienen mucho más que ver con el risotto.
39.
Tu forma sobrevalorada de reivindicar todo lo latinoamericano, desde las
arepas, el ceviche hasta los cárteles de Colombia.
40.
Tu precioso altruismo y tu gran generosidad cada vez que das algo que,
casualmente, nunca es tuyo sino mío.
41.
Tu estilo casi científico de demostrarme que nada puede tener sentido. Salvo
cuando nos reímos.
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