domingo, 25 de agosto de 2013

Otras 41 cosas que me hartaron de vos.

1. Tu optimismo ante la vida: “el vaso medio lleno”, “el podría haber sido peor”, “la tragedia con suerte”, “la belleza de lo simple”.
2. Tu estilo progre: la playita uruguaya, la película chiquita, la obrita independiente, la musiquita latinoamericana y el besito enorme, claro.
3. Tu modo impostado de cuajar en el lenguaje posmoderno: digo, nada, ponele, eso, nada.
4. Tu discurso vapuleador contra la filosofía política y tus frases del tipo: “Hegel no entendía nada”…Sí, es cierto. Y Heidegger que la chupe, total: manzana, digo, nada, ponele, eso, nada.
5. Tu estilo amoroso que es 25% dudoso, 40% ambiguo y 100% falaz.
6. Tus enamoramientos repentinos que aparecen cada vez que querés que te entregue el culo.  
7. Tu manera de convencerme de esos enamoramientos repentinos.  Siempre.
8. Tu libro preferido: una mezcla de Joyce, Proust, Dosteievski, Flaubert, Tolstoi, la novela inédita de Borges y las 553 páginas infumables escritas por Alan Pauls.
9. Tu modo de hablar todo el tiempo, a cada momento, en cualquier horario del día únicamente de vos. Incluso cuando estás solo.
10. Tu valoración hacia mi feminismo únicamente cuando pagamos alguna cuenta.
11. Tu intención de voto trosca/marxista/lenista/stalinista/maoísta/frutaísta y tu crítica a mis elecciones utilitarias. Dejame de joder si voto al peronismo. Por lo menos gana. Boludo.
12. Tus enojos frente a mi humor desprejuiciado. Y sí, querido, me gustan los chistes políticamente incorrectos. No tengo la culpa de que la hermana de una amiga de la prima del hijo del yerno de tu bisabuela haya muerto en Auschwitz. Ni siquiera sos judío. De hecho, yo soy la judía.
13. Tu personalidad bipolar. Un día estás inaguantable, forro, intolerante, malhumorado. Y al otro día, en cambio, estás peor.
14. Tu película preferida. Me divirtió más el fundido a negro que todo ese bodrio.
15. Tu “tengo respuesta para todo”. Sos capaz de decir que sabés dónde está Julio López, María Cash, Marita Verón y la Dra. Giubileo. 
16. Tus poses cada vez que escuchás esa música que mezcla jazz, Spinetta bossa nova, murga y las ganas de irme.
17. Tu gesto en la cara cada vez que fumás marihuana. Tenés más de cuarenta. No quedás fumón canchero, quedás pelotudo.
18. Tu forma de sobreactuar tu inteligencia. Que no es ni más ni menos que como la mía.
19. Tu creencia de que sos anti-imperialista porque no tomás Coca Cola ni comés hamburguesas. Claro, porque Netflix fue un proyecto nacido entre Cuba, Rusia y la Alemania del Este, antes de la caída del muro.
20. Tu modo de decirme que soy de derecha porque me gusta el cine yanqui. Explicame qué mierda tiene que ver Vin Diesel, Bruce Willis, Jason Stratham y Marty McFly con El 18 Brumario de Luís Bonaparte.
21. Tu estilo zen, budista, hinduista, que es aburrido, monótono, tedioso y, por sobre todas las cosas, inverosímil.
22. Tu incursión en la vida vegetariana. Que duró poco, por suerte. Pero durante todo ese tiempo me diste clases de moral sobre el “ternerito por nacer” y la “indefensión de las vacas” y … los costillares que te comés ahora que te hicieron perder la memoria.
23. Tu manera preciosa y maravillosamente invalorable de apreciar los regalos que te doy. En especial cuando te olvidás lo que te di, cuándo te lo di y quién te lo dio: o sea, yo.
24. Tus mentiras sobre las propiedades curativas del semen por la vía oral.
25. Tus modos de hacerme creer sobre las propiedades curativas del semen. Y por todas las vías.
26. Tu vapuleo constante hacia las religiones occidentales. Para que sepas, ganaron. Y por mucho, eh.
27. Tu insistencia en destacar mi inteligencia en detrimento de mi cuerpo. Me siento más deseada en la línea 60 que con vos.
28. Tu fascinación por las escuelas hippies. Te cuento que ahí aprenden a escribir recién a los 18 años. Incluyendo a los maestros y directores.
29. Tu creencia radical en la homeopatía. Te aviso que mi parto va a ser en una cama llena de luces, con muchos cirujanos, anestesistas y, si puede ser, en plena facultad de medicina.
30. Tu manera reciente de descubrirme como una caprichosa. ¡Qué novedad! Lo sabe toda la República Argentina, incluyendo a las Malvinas.
31. Tu narcisismo que, además, es egocéntrico, egoísta, ególatra y muy poco ergonómico.
32. Tu forma de creerte indispensable para mi vida.
33. Tu forma de hacerme creer que sos indispensable para mi vida.
34. Tu forma de convencerme de que sos indispensable para m vida.
35. Tu forma de lareputamadrequeteparió por todo eso.
36. Tu sentimiento de saberte único por que me decís “putita”. Para que sepas, me lo dice el verdulero, el carnicero, el cana de la vuelta, el del chino, mis compañeros del laburo e, incluso, mi jefe. Y todo los días.
37. Tu manera desubicada de decir que algunas cosas “ya fueron” como, por ejemplo, los Beatles. Tenés razón. De hecho, Ringo y Paul deben estar desconsolados.
38. Tu “me despojo de lo material”. Vos y yo sabemos perfectamente de tu gustito por el dinero, los billetes, la plata, la guita, los fondos, la liquidez, la pasta, el efectivo. Todos. Y en ese orden.
39. Tu “como en lugares donde paran tacheros porque es más cool”. Mentira, comés ahí porque es más barato.
40. Tu canción preferida. Que es, casualmente, la que más odio.

41. Tu modo de insistirme, repetirme, reiterarme y persistirme que no me vaya, que me quede. Simplemente, porque te hago reír.

domingo, 14 de julio de 2013

Ve de ese y eme.

El cine porno ha sido siempre un género denostado por el ávido estilo en que la crítica lo ha colocado en la cima de la vulgaridad y de lo soez. Pero lo cierto es que es un género que ha traído, y aún trae, una variedad de opciones que nos es imposible obviar para los tan gozosos espectadores. Los varones. Las chicas. Y más.

Pensemos por ejemplo en el sub-género “dedicado a”, un modo personalizado de ofrenda sexual como lo es el Porno-emí o el Porno-ra que se corona de modo romántico con el Porno-sotros. No debemos dejar de lado, ni olvidar, a nuestros queridísimos abuelos quienes pueden acceder al Porno-ver-de-lejos; o a los más jóvenes, aquellos que adolecen en su ámbito masturbatorio con el Porno-co y con las maravillosas alucinaciones del Porno-woman-no-cry.  

Las prácticas son también algunas de las áreas más importantes que el porno nos transmite desde su celuloide. Inolvidables son las escenas de sexo verdadero de las ménages a true, las experiencias latinas del cogito, la argolla y el cum, el sexo oral y el escrito, el gang y el bang. Y la masturbación, que estuvo siempre al inicio de todo, cuando el porno apenas era una panjea.

Por su parte, sabemos que este género de explícita escenificación nos trae mujeres para todo tipo, tiempo y lugar. Una de ellas es el caso de la MILF, hoy altamente requerida como un símbolo erótico, que nos retrotrae a la música popular de antaño “tengo un billete de milf” y a la jerga canchera de la época: “me vi la de la madre que está con el hijo, mató milf”


Como hemos dicho en el inicio de esta disquisición, el cine porno ofrece una multiplicidad de opciones y para todo tipo de público. Es sólo cuestión de adaptarse. Ya lo dijo el refrán: “el que bukkake encuentra”.  Y no digan que no les informamos. Porque acá nadie tiene un felo de tonto.

Tachame la doble.


Que era linda, era linda. De acá a la China. Desde la Puna hasta la Quiaca. Se acercó. Hubo un ida y vuelta, le dije que pin que pan, que esto que aquello, que va y que viene. Al principio no era ni chica ni limonada, ni sí ni no ni blanco ni negro. Pero una cosa llevó a la otra y empezamos a contarlo a los cuatro vientos, a troche y moche y bla bla bla y etcétera etcétera. Y como quien no quiere la cosa, acá estamos. Entre pitos y flautas.

jueves, 4 de julio de 2013

Ecce malo homo


Un tiempo antes de convertirme en abogada honoris causa suma cum laude y docente ad honorem, viví una pesadilla sin precedentes en mi statu quo. Para ese entonces, joven, soñadora e ilusa, me enamoraré in situ de un hombre mayor con quien comencé un vínculo que, a posteriori, mutaría en una relación ipso facto escandalosa, macabra y, ceteris paribus, atemorizante. Un corpus de momentos escalofriantes que, a priori, no los habría divisado, me apabullaron grosso modo dejándome con un déficit de palabras que recordaré ad eternum. El primer hecho sucedió un día jueves, de un mes de marzo, de un año bisiesto. Se apareció celoso preguntándome dónde había pasado mi día y, ad hoc, mi tarde. Le dije que trabajando en mi curriculum vitae pero no osó en creerme. Sus ojos estaban desorbitados. Su rictus petrificado. Me pidió una, dos, tres explanans, pero nada le alcanzaba y me obligó a quedarme encerrada en nuestro habitat como condición sine qua non de mi amor por él. Acepté. Pasó un tiempo y, junto a él, el lapsus. Pero ocurrió ibídem., e ídem., y … ¡op. cit! Fue horrible, me tomó fuerte del brazo mientras me gritaba ¡quo vadis! ¡quo vadis! Yo lloraba diciéndole ¡vade retro! No podía hacer nada, tenía un tremendo miedo lato sensu. En el barrio ya era vox pópuli. Máxime que inter nos todo iba en decadencia y él ni siquiera hacía un mea culpa. En su acalorada búsqueda por encontrarme in fraganti, se ponía cada vez más furioso, irascible, rabioso, poseso, frenético, enardecido y etcétera. Ya era el sumun. Pero un día, luego del cogito … ergo sum, todo se iluminó per se. Decidí sacarlo de mi vida. Era de noche, de un día martes, de un mes de marzo, de otro año bisiesto. Por motu proprio tomé un cuchillo y entré en la habitación. Estaba dormido y pensé: veni, vidi, vici … mientras mis ojos festejaban el inminente final. Clavé el arma in péctore una vez y de novo hasta ver la sangre que se desparramaba por las sábanas. Luego de matarlo, lo cociné y me lo comí al susurro de un requiem. Para no generar sospechas, presenté un habeas corpus. Pero nunca apareció el corpus delicti. Era lógico, estaba ab intra. Me hice un alias y comencé con mi alter ego una nueva vida. Con tranquilidad, felicidad y con la enseñanza de saber que errare humanum est…sobre todo en el amore. Sic.

domingo, 12 de mayo de 2013

Articulación


Tengo problemas con ciertos artículos. Leo y no les entiendo. La otro día me topé con un de opinión que me resultó un tontera en lo reflexión. El nota era algo rara, el sé. Une hilo conductor sin ninguna unión: en lo título, la copete, los bajada y les texto, ¡una bodrio! Es duro encontrarse con lecturas de poca crítica e inteligencia e imaginación y creatividad y vuelo e innovación e inventiva y lucidez y claridad y perspicacia y picardía. Igualmente, termino enganchada. Si hay algo que me sobran, son conectores.