martes, 2 de octubre de 2018


41 años y 41 cosas que me hartaron de vos … tributo

1. Tu excesiva y desproporcionada sinceridad.
2. Tus mentiras.
3. Tus ganas de ponerle nombre a todo. Como a mi concha.
4. Tu feminismo de cartulina.
5. Tu machismo disfrazado de deconstrucción.
6. Tu incansable deconstrucción hacia la nada misma.
7. Tu falta de deconstrucción.
8. Tu poca pericia para arreglar cosas. Y con cosas me refiero al inodoro, la estufa, la heladera y nuestra relación.
9. Tu fanatismo por las series malas. Sí, flaco, Friends es mala.
10. Tu snobismo por las series buenas. Sí, querido, a mi vieja no le importa un carajo el arco del personaje de Walter White. A mi vieja no le importa nada, de hecho.
11. Tu risa forzada cuando no entendés algo.
12. Tu risa forzada cuando no entendés nada.
13. Tu pose por no comprarte ropa. No te la compras porque sos un croto, no un vanguardista.
14. Tus ganas por introducir la noción de “mise-en-scène” a cada rato.
15. Tu canchereo por saber escribir “mis-en-sen” sin googlear y burlarte de mí por no saber hacerlo. Como ahora, pelotudo.
16. Tu “soy el mejor contador de anécdotas del mundo”. Si al menos te pasara algo interesante, bueno, pero ni siquiera.
17. Tu insistencia por no incluirme en ninguna de las anécdotas que contás que, además, son mías.
18. Tu sentido del humor selectivo. Ya pasó la etapa en que solo unos privilegiados entendían a Les Luthiers, no sos tan capo.
19. Tu modo de retarme cada vez que me mando “alguna”. Y “alguna” es decir que no me gusta Lisandro Aristimuño.
20. Tu gusto musical mentiroso. Como cuando decís que te encanta Lisandro Aristimuño.
21. Tu facilidad para las matemáticas que me vivís enrostrando.
22. Tu necesidad de tener un buen teléfono, a cada rato y en cada minuto de tu vida.
23. Tu ringtone del teléfono.
24. Tu número de teléfono.
25. Tu teléfono.
26. Tu súper empatía por los grandes temas como “la” pobreza, “el” hambre y “la” discriminación de género. Y tu cero empatía por los temas menores. Como yo cuando no tengo guita, quiero comer o cuando me callan tus amigos si quiero acotar algo.
27. Tu modo de decir “maridar” a cada rato.
28. Tu alta autoestima que, te cuento, marida muy mal con la mía tan pero tan baja.
29. Tu creencia de que le resolvés la vida a todo el mundo. Para que sepas, yo hacía todo sola antes de conocerte, y es probable que el mundo también.
30. Tu perfeccionismo a ultranza. Sobre todo, para hablar de lo que me falta.
31. Tu corte de pelo que intentó ser pretencioso y terminó siendo nada.
32. Tu burla cada vez que me pongo a bailar porque “pongo una cara rara”. Supongo que no debe ser distinta a tu cara cuando garchás.
33. Tus ganas de tener sexo grupal. Te informe que, con esa cara que ponés, no lo hago ni loca.
34. Tu odio porque no me gusta tomar alcohol. A vos no te gusta la menta granizada y nadie te dice nada.   
35. Tu manera de hablar “de la derecha liberal” con repulsión. No distinguís a Locke de Rousseau así que mejor ni hablés.
36. Tu forma de decir que “hacés” países cada vez que vas a Europa. Te aviso que el único que deshizo algo ahí fue Nerón, y no le fue tan bien.
37. Tu crítica a mi intelectualidad porque me gusta leer best sellers. En lo que tardas en leer El pasado, yo ya me leí tres novelas de Stephen King y me vi las películas. Y vos ni siquiera lo terminaste.
38. Tu insistencia por querer hablar mientras cojemos. No te quiero escuchar nunca, imaginate con mi culo en tu cara.
39. Tu modo de politizar absolutamente todo sin saber nada. Ni siquiera de política.  
40. Tu énfasis por destacar la particularidad de todo. Hasta en eso sos un estereotipo.
41. Tu seguridad de saber que siempre vuelvo y que voy a volver, simplemente porque nadie me hace reír como vos.

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